El bicentenario que no fue: corrupción y desigualdad, las heridas abiertas del Perú

El bicentenario que no fue: corrupción y desigualdad, las heridas abiertas del Perú

 

Este 28 de julio, el día del Bicentenario de nuestra “independencia”, la sombra de la desigualdad de género y la corrupción rampante se ciernen sobre nosotros y corroen los cimientos de nuestra sociedad. Los avances que se pregonan, como mejoras en salud materna o acceso a servicios básicos, palidecen frente a la realidad de miles de mujeres que siguen siendo víctimas de violencia, y de niñas que ven truncados sus sueños por un embarazo adolescente.

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La ENDES, en su frío lenguaje estadístico, nos muestra un país donde la violencia contra la mujer sigue siendo una epidemia silenciosa. Más de la mitad de las mujeres alguna vez han sufrido algún tipo de violencia por parte de su pareja. Esta cifra escalofriante nos obliga a preguntarnos: ¿qué clase de independencia celebramos cuando tantas mujeres viven bajo el yugo de la violencia?

La corrupción, por su parte, se erige como un monstruo de mil cabezas que devora los recursos que deberían destinarse a cerrar las brechas sociales. Los hallazgos de la Contraloría son alarmantes: entidades públicas en todos los niveles de gobierno presentan altos riesgos de corrupción. Mientras tanto, en regiones como Piura y Cajamarca, la desnutrición infantil y la falta de acceso a servicios básicos siguen siendo una realidad lacerante.

¿Cómo podemos hablar de progreso cuando la corrupción desvía los fondos que podrían alimentar a un niño o brindar atención médica a una madre gestante? ¿Cómo podemos celebrar nuestra independencia cuando tantas mujeres viven en la sombra del miedo y la violencia?

Este bicentenario no puede ser una simple celebración. Debe ser un llamado a la acción, un momento para despertar del letargo y exigir un cambio real. No podemos permitir que la corrupción y la desigualdad sigan siendo la norma. Es hora de que los ciudadanos nos involucremos activamente en la construcción de un país más justo y equitativo.

La lucha por la igualdad de género y contra la corrupción no es solo responsabilidad del gobierno. Es una tarea de todos. Debemos exigir a nuestros líderes que rindan cuentas, que actúen con transparencia y que pongan fin a la impunidad. Pero también debemos mirar hacia adentro y cuestionar nuestras propias actitudes y comportamientos. ¿Toleramos la violencia de género en nuestro entorno? ¿Cerramos los ojos ante la corrupción que nos rodea?

Este 28 de julio, al conmemorar nuestra independencia, recordemos que la verdadera libertad no se limita a la soberanía nacional. La verdadera libertad es la que nos permite vivir sin miedo, sin discriminación y con igualdad de oportunidades. Es hora de que hagamos de este bicentenario un punto de partida hacia un Perú más justo y equitativo para todos.